Diagnóstico de fugas de ATF - Información general
La mayoría de las fugas se detectan fácilmente mediante una inspección visual. La reparación normalmente consiste en sustituir el retén o la junta defectuosa. Si no es posible localizar el origen de la fuga mediante una inspección externa, proceda como se describe a continuación.
En primer lugar, asegúrese de identificar correctamente el tipo de fluido. No confunda el ATF con el aceite del motor o con el líquido de frenos (el líquido de transmisión suele tener un color rojo oscuro).
Para localizar el origen de la fuga, realice un recorrido corto (de unos pocos kilómetros) y, a continuación, aparque el vehículo sobre una hoja de cartón limpia. Pasados unos minutos, el origen de la fuga podrá identificarse por las gotas de líquido que caigan sobre el cartón.
Inspeccione detenidamente la zona sospechosa y las superficies adyacentes, prestando especial atención a las uniones de las superficies de junta. Para ampliar el ángulo de visión, utilice un espejo de bolsillo.
Si sigue sin localizarse el origen de la fuga, limpie cuidadosamente la zona sospechosa con un trapo humedecido en disolvente y, a continuación, séquela.
Realice otro recorrido corto, cambiando con frecuencia la velocidad, y vuelva a inspeccionar la zona limpia.
Una vez localizado el origen de la fuga, determine y corrija la causa que la provocó y solo entonces proceda con las operaciones de reparación necesarias. Sustituir una junta dañada no dará el resultado esperado si no se corrige el defecto de la superficie de unión que provocó su fallo. Por ejemplo, una brida deformada debe enderezarse.
En los siguientes apartados se enumeran las causas más habituales de fugas de ATF y las condiciones que deben cumplirse para evitar que se repitan. Nota: Algunos de los requisitos indicados no pueden cumplirse sin equipo especializado. En tal caso, lleve el vehículo a un taller de servicio.
Fugas por las superficies de junta
Inspeccione periódicamente la tapa del lado derecho de la caja de la transmisión. Compruebe que los pernos de fijación estén en su lugar y apretados correctamente, y que la tapa no presente daños mecánicos.
Entre las posibles causas de fugas por la tapa se incluyen el apriete excesivo de los pernos de fijación, el daño de la superficie de sellado de la caja de la transmisión, la rotura de la junta o la aparición de grietas o porosidad en las paredes de la caja. Si la junta de la tapa o de la caja de la transmisión está formada por un cordón de sellador, no se descarta una selección incorrecta del tipo de sellador.
Fugas por retenes y juntas tóricas
Entre las causas más habituales de fallo de los retenes de la transmisión se incluyen un nivel de ATF excesivamente alto, la obstrucción del respiradero, el daño de las paredes del alojamiento del retén, el daño del propio retén o su instalación incorrecta. Tampoco se descarta el daño del muñón del eje que se introduce en el retén, o un juego excesivo de este por desgaste de los cojinetes.
Compruebe el estado y la correcta colocación del retén de la guía de la varilla de medición del nivel. Inspeccione periódicamente si hay signos de fuga en la zona del engranaje de accionamiento del velocímetro o del sensor de velocidad (VSS). Si es necesario, sustituya la junta tórica.
Fugas por defectos en las paredes de la caja de la transmisión
La causa de las fugas de ATF puede ser la aparición de grietas o poros en el cuerpo de la caja de la transmisión. Consulte con especialistas del taller de servicio.
Compruebe la estanqueidad de los racores de conexión de las mangueras del enfriador de ATF.
Fugas por el respiradero y el tubo de llenado
Las fugas por el respiradero o por el tubo de llenado pueden producirse por llenado excesivo de la transmisión, por la entrada de líquido refrigerante en el ATF, por obstrucción del respiradero o de los orificios de retorno.
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